Un viaje lleno de anécdotas. París, primera parte

París 1Este viaje comenzó un día entre semana, un día cualquiera, porque un viaje no se inicia el día que te vas, sino el día que empiezas a planearlo y ya no paras de tener un rincón de tu cabeza pensando en él aunque no te des cuenta. Era un día entre semana y yo llegaba a casa después de trabajar, cené algo, bajé al perro y me conecté a internet, todo suena a un día normal sin nada más, pero no, que mi prima Lorena estuviera conectada al chat, hacía que ese día fuera un día diferente.

El inicio

Nos saludamos y tuvimos una conversación como otra cualquiera, ‘Hace días que no nos vemos’, ‘tenemos que quedar’, ‘ya no hacemos nada juntos’ y lo cierto es que hacía mucho tiempo que no nos veíamos así es que era momento de hacer alguna ‘locura’ y casi sin mirar el calendario compramos ¡dos billetes a París! Era todo un poco extraño, estábamos charlando un rato antes de ir a dormir y sin comerlo ni beberlo me veo con dos billetes de avión en la mano. ¡Cómo me gustan esas cosas! De hecho, esa no ha sido la única vez que hemos hecho un viaje así, un día de verano quedamos para tomar un helado en nuestro pueblo y acabamos haciendo 600 kilómetros en coche para pasar unos días en Madrid.

Al día siguiente de comprar los vuelos a París, buscamos un hotel y nos pusimos a planear todo lo que íbamos a visitar en aquel puente. Eran tres días y tenían que ser intensos, concretamente el 6, 7 y 8 de diciembre.

Después del viajecito que nos hizo pasar Ryanair de buena mañana, que eso parece la teletienda en directo, nos plantamos en París, intentamos salir del aeropuerto, pero claro, no conocéis a mi prima Lorena, siempre que hacemos algo juntos nos ocurren cosas raras, nos pasa de todo, ya lo veréis a lo largo del viaje. Pues al intentar salir del aeropuerto nos para un señor de seguridad, muy amable, pero que no hablaba español. Entonces le dice a mi prima algo en francés y mi prima me mira con cara de ‘vale, ¿qué se hace en estos casos?’ yo, me lanzo y le digo al buen hombre ‘Do you speak english?’, ni me contestó, directamente empezó a intentar hacernos entender con gestos que las botas de mi prima eran sospechosas y se las tenía que quitar. Nada grave, ella descalza por el aeropuerto, porque claro, las botas no eran de estas que te las quitas y pones de manera sencilla, ella presumida hasta para viajar a primera hora de la mañana. Pero bueno, primera prueba superada.

Nos hicimos con un mapa y llegamos a nuestro hotel enseguida, dibujamos una ruta de todo lo que queríamos ver y nos pusimos manos a la obra.

Lo que más nos sorprendió

Todo el mundo nos había dicho que los franceses eran muy elegantes, pero no nos imaginábamos ir por la calle y encontrarnos gente de todas las edades bien vestida, jóvenes paseando con la misma ropa que me pondría yo para una boda. Además, nos dimos cuenta de que, durante todo el viaje, no vimos a nadie fumando por la calle, nos dio la sensación de que allí estaba mal visto fumar incluso en la calle.

París de noche

Tengo que destacar que estuvimos en París durante el puente de diciembre, pero la ciudad estaba ya metida de lleno en la navidad, y si siempre me habían vendido que París era la ciudad de la navidad y el amor, vivirlo en persona fue dar la razón a todos esos comentarios que, hasta ese momento, yo tenía como tópicos. Todas las calles iluminadas, árboles, aceras, negocios, paredes, transportes… miraras donde miraras veías navidad.

Mi prima empezó a enamorarse de París hasta tal punto que pensamos en volver a España, aprender francés y mudarnos a la capital francesa, claro que son cosas que se dicen y nunca se hacen, pero no me atreví a subestimar la cabeza loca de Lorena y, es por eso que era excitante, porque nunca sabes si las locuras que planeas van a acabar siendo una realidad, o van a ser eso, simples pensamientos e ilusiones que siempre quedarán en el recuerdo. Muchas veces planeábamos cosas de locos que hacíamos sin pensarlo dos veces y otras muchas que nunca hemos llevado a cabo, no tengo muy claro si por cobardía o madurez.

En todo caso, ella, que es una lumbreras y cree a ciencia cierta en el cosmos, en el secreto, en los astros y en todo lo que no tenga una explicación científica, empezó a pedir a sus rarezas divinas un deseo, que pasara algo que nos impidiera volver a España… ¿te lo puedes creer? Yo le decía ‘pero vamos a ver, ¿cómo puedes desear que nos pase algo para que no podamos volver a casa?’ Su respuesta era casi de admirar ‘Si pasa algo y no podemos volver a casa, es una señal para que nos quedemos aquí a empezar una vida nueva, tú no me creas, pero yo lo voy a desear con todas mis fuerzas, tú y yo no volvemos a casa así es que empieza a buscar un piso donde meternos’ Sé que puede parecer una respuesta de una pobre desequilibrada, pero yo, a pesar de rebatir sus ideas, estaba deseando que su deseo se cumpliera, aunque no era tan positivo como ella, sabía a qué hora nos esperaba la teletienda voladora, Ryanair, para volver a la realidad rutinaria de casa.

Hola, mesa para… ¿dos?

Entre charla y charla decidimos descansar un rato de caminar por París y entramos a un bar a tomar algo y sentarnos un rato. Después de un buen rato esperando mesa y, una vez dejaron una libre, nos plantamos allí con nuestras bebidas. Una mesa pequeña y con las sillas muy juntas la una de la otra, casi sin espacio vital entre tu persona y el pobre que tuviera que sentarse a tu lado, pero bueno, éramos dos y nos pusimos uno en frente del otro. Estábamos dispuestos a estar un rato tranquilos y descansar un poco cuando, al momento de estar allí, llegó una pareja francesa y ni cortos ni perezosos ¡se sentaron a nuestro lado! No sé si será costumbre allí pero, si no hay mesa, no tienes que esperar como hicimos nosotros acostumbrados en España, sino que le puedes echar un poco de morro y sentarte al lado de una mesa que tenga dos sillas libres, como si realmente hubierais sido cuatro personas desde el principio. Lorena, que se le da peor disimular que a Ryanair volar con normalidad, no podía evitar la risa tonta que te da en algunos momentos y fue realmente divertido ver como estábamos allí los cuatro, sin entendernos porque ellos hablaban francés, pero oye, que parecíamos ya una gran familia.

En el próximo post os contaré la increíble pero cierta historia de nuestro último día en París, hablaré de todo lo que pudimos visitar en esos días y que recomiendo que incluyáis en vuestra lista de cosas por ver, lo que nos pareció y unos consejos por si queréis ir a París.

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Acerca de losdestinosdealberto

Me llamo Alberto y en mi blog cuento todo tipo de experiencias relacionadas con mis viajes, escapadas, actividades, turismo y ocio en general.

Publicado el 17 febrero, 2014 en Viajes y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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